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La devoción como destino

hace 9 horas
7 min de lectura

Dos Hermanas al día estuvo presente en las I Jornadas de Turismo Religioso de la Hermandad de San Esteban, un encuentro que puso de relieve la importancia económica, cultural y espiritual de un sector que también tiene un importante potencial en nuestra ciudad, especialmente con la Romería de Valme a las puertas de su celebración.


El turismo religioso centró el debate de las I Jornadas de Turismo Religioso organizadas por la Hermandad de San Esteban de Sevilla, en el marco de los actos conmemorativos de su centenario fundacional. Dos Hermanas al día estuvo presente en este encuentro, que reunió a representantes de la Iglesia, profesionales del sector turístico y expertos en peregrinaciones para reflexionar sobre el presente y el futuro de una modalidad turística que va mucho más allá de los desplazamientos y las visitas culturales.


A lo largo de las jornadas se abordaron cuestiones como la importancia del turismo para las ciudades, su repercusión económica, el valor del patrimonio religioso, las grandes rutas de peregrinación y el papel de las hermandades y cofradías en la conservación y difusión de la religiosidad popular.


El encuentro permitió profundizar, además, en una cuestión fundamental, el turismo religioso no solo debe entenderse como una actividad económica, sino también como una experiencia cultural, humana y espiritual.



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El turismo como motor económico y social.

Uno de los aspectos destacados de las jornadas fue la importancia del turismo como motor económico para las ciudades. Su capacidad para generar actividad, dinamizar el comercio, impulsar el empleo y favorecer a numerosos sectores convierte esta actividad en un elemento relevante para el desarrollo de los municipios.


Durante el encuentro también se puso de manifiesto el peso del turismo en la economía, con referencias a cifras que sitúan su contribución en torno al 9-13 % del PIB, según el ámbito y la metodología considerados. Estas magnitudes permiten comprender la trascendencia de una actividad que, además de su dimensión económica, tiene una importante repercusión social.


La pandemia también estuvo presente en la reflexión, recordando la especial vulnerabilidad del sector turístico ante las grandes crisis. La paralización de los viajes y las restricciones a la movilidad afectaron profundamente a las empresas, a los trabajadores y a los destinos que dependían de esta actividad.


En este contexto, las jornadas permitieron abordar el turismo desde una perspectiva más amplia, en la que el descanso, la convivencia y el encuentro con otras realidades también forman parte de la experiencia turística.


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El peregrino, protagonista de una experiencia única.

La figura del peregrino ocupó un lugar destacado en las reflexiones del encuentro. A diferencia de otras modalidades de turismo, la peregrinación incorpora una dimensión personal que puede transformar el sentido del viaje. No se trata únicamente de llegar a un destino, sino también de vivir un recorrido que puede tener un significado espiritual profundo.


Las peregrinaciones constituyen, además, experiencias individuales y colectivas. El camino compartido, la convivencia, el acompañamiento y la presencia de guías especializados contribuyen a enriquecer una vivencia en la que confluyen la fe, la cultura y el conocimiento del patrimonio.


En las jornadas se abordaron algunos de los principales destinos de peregrinación del mundo, con especial atención a Tierra Santa, Roma, Fátima, Lourdes, Santiago de Compostela y Guadalupe. También se puso sobre la mesa la importancia de los grandes centros de peregrinación españoles, entre ellos el Pilar de Zaragoza, así como los destinos andaluces y su capacidad para atraer a peregrinos y visitantes.


La dimensión internacional, nacional y local de las peregrinaciones permitió reflexionar sobre las oportunidades que ofrece este sector y sobre la necesidad de preservar la esencia religiosa que da sentido a estos desplazamientos.


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El patrimonio religioso, un espacio para el encuentro y la evangelización.

Otro de los grandes temas abordados fue la importancia del patrimonio religioso como recurso cultural y como expresión de la fe. En este sentido, se destacó que los templos y los espacios de culto no son únicamente monumentos que se visitan por su valor arquitectónico o artístico, sino también lugares que conservan un profundo significado espiritual.


Durante las jornadas se puso de relieve la importancia del arte religioso como instrumento de encuentro entre el hombre y Dios. A lo largo de la historia, la arquitectura, la pintura, la escultura y las distintas manifestaciones artísticas vinculadas a la Iglesia han servido como medios para transmitir la fe y acercar el mensaje cristiano a la sociedad.


Esta dimensión adquiere especial relevancia en las visitas culturales a iglesias, catedrales y santuarios, donde el conocimiento del patrimonio puede convertirse también en una oportunidad catequética y de nueva evangelización.


En este contexto, se recordó la necesidad de preservar la identidad de los espacios sagrados y evitar que el turismo religioso pierda su esencia. La visita turística a un templo debe realizarse desde el respeto, sin reducir los lugares de culto a simples atractivos monumentales. El objetivo debe ser propiciar una experiencia que permita profundizar en el significado de estos espacios y, para quienes así lo viven, favorecer una transformación espiritual.


La importancia de los monumentos religiosos en el panorama turístico español también quedó reflejada en una referencia que se puso sobre la mesa, según datos difundidos por la Pastoral del Turismo de la Conferencia Episcopal Española, ya que siete de los diez monumentos más visitados de España eran iglesias católicas. Una cifra que ilustró el interés que despierta el patrimonio religioso y su capacidad para atraer visitantes.


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El turismo cofrade y el papel de las hermandades.

El denominado turismo cofrade fue otro de los grandes protagonistas de las jornadas. Las mesas de debate permitieron reflexionar sobre la relación entre las hermandades, las cofradías y el sector turístico, así como sobre el papel que estas corporaciones desempeñan en la conservación del patrimonio y en la transmisión de las tradiciones.


La religiosidad popular constituye una de las principales señas de identidad de numerosas localidades andaluzas. Las hermandades no solo custodian imágenes y enseres de gran valor artístico, sino que también mantienen vivas celebraciones, cultos y manifestaciones que forman parte de la historia de sus pueblos y ciudades.


No obstante, durante el encuentro también se puso de manifiesto la importancia de que el crecimiento del turismo cofrade no suponga una pérdida de la esencia de las hermandades. La actividad turística debe convivir con la vida religiosa de las corporaciones, respetando sus cultos, sus fines fundacionales y su carácter evangelizador.


La clausura de las jornadas estuvo vinculada precisamente a esta dimensión devocional, con una conferencia dedicada a la devoción al Señor de la Salud y Buen Viaje (patrón de las agencias de viajes de Sevilla), titular de la Hermandad de San Esteban y referente espiritual de una corporación que mantiene una especial y estrecha vinculación con dicho sector turístico, especialmente las agencias de viajes de Sevilla.


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Dos Hermanas y el potencial del turismo religioso.

Las jornadas también pusieron de manifiesto el potencial del turismo religioso en la provincia de Sevilla, donde las hermandades y las manifestaciones de religiosidad popular desempeñan un papel fundamental en la conservación y difusión de las tradiciones. En este contexto, Dos Hermanas cuenta con un importante legado devocional que forma parte de su identidad y que merece ocupar un lugar destacado en la oferta cultural y religiosa de la provincia.


Entre sus principales expresiones destaca la Romería de Valme, una de las grandes citas del calendario religioso nazareno, que cada mes de octubre reúne a numerosos fieles y romeros en torno a la Virgen de Valme. Una celebración que refleja la fuerza de la devoción popular y que constituye un ejemplo del valor de las tradiciones religiosas como parte del patrimonio de una ciudad.


La proximidad de esta celebración convierte el debate sobre el turismo religioso en una cuestión especialmente oportuna para la ciudad. La Romería de Valme representa una experiencia colectiva en la que confluyen la devoción, la convivencia, las tradiciones populares y el patrimonio histórico. Su proyección trasciende el ámbito estrictamente religioso y permite acercar a quienes visitan Dos Hermanas a una parte fundamental de su identidad.


El potencial turístico de esta celebración, al igual que el de otras manifestaciones de religiosidad popular, invita a reflexionar sobre la posibilidad de fomentar iniciativas que den a conocer el patrimonio nazareno, siempre desde el respeto a su carácter religioso y a la experiencia de los peregrinos.


En este sentido, el turismo religioso puede contribuir a dar mayor visibilidad a la provincia de Sevilla y a municipios como Dos Hermanas, que cuentan con celebraciones de gran arraigo y con un patrimonio vinculado a sus hermandades y tradiciones.


La difusión de estas manifestaciones también puede favorecer el conocimiento de la historia local, el patrimonio artístico y las costumbres que se han transmitido de generación en generación.


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Valme, una cita con la fe y la tradición.

Con octubre a las puertas, la Romería de Valme vuelve a situarse en el centro de la actualidad nazarena. La celebración constituye una oportunidad para poner de relieve la riqueza de la religiosidad popular de Dos Hermanas y su capacidad para reunir a personas de diferentes procedencias en torno a una misma devoción.


El camino hacia la Ermita de Cuarto, las carretas, los exornos florales y la participación de los romeros conforman una manifestación que c

ombina tradición, patrimonio y espiritualidad. Una celebración que, además de su profundo significado religioso, permite mostrar a quienes llegan de fuera una parte esencial de la cultura nazarena.


Las jornadas organizadas por San Esteban dejaron sobre la mesa una reflexión que también encuentra su espacio en Dos Hermanas, el turismo religioso debe crecer sin perder de vista aquello que lo hace diferente, la fe y la experiencia del peregrino.


La conservación del patrimonio, el respeto a los espacios de culto y la protección de la esencia de las hermandades son elementos fundamentales para que esta modalidad turística pueda desarrollarse sin desvincularse de sus raíces.


La Hermandad de San Esteban, con la devoción al Señor de la Salud y Buen Viaje como referente, impulsó así un encuentro que permitió analizar las múltiples dimensiones del turismo religioso. Una reflexión que, en vísperas de una nueva Romería de Valme, también invita a Dos Hermanas a valorar el alcance cultural, social y espiritual de sus propias tradiciones.


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