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Depeche Mode: cuando la oscuridad aprendió a bailar

hace 50 minutos
4 min de lectura
Pocos grupos representan tan bien el paso de los años ochenta a los noventa como Depeche Mode. Nacidos en plena explosión del sintetizador, consiguieron algo bastante más difícil que fabricar canciones pegadizas: crear un universo propio. Elegante, oscuro, melancólico y, al mismo tiempo, irresistible para una pista de baile.

Pocos grupos representan tan bien el paso de los años ochenta a los noventa como Depeche Mode. Nacidos en plena explosión del sintetizador, consiguieron algo bastante más difícil que fabricar canciones pegadizas: crear un universo propio. Elegante, oscuro, melancólico y, al mismo tiempo, irresistible para una pista de baile.


Más de cuatro décadas después, escuchar canciones como “Enjoy the Silence”, “Personal Jesus” o “Never Let Me Down Again” produce una curiosa sensación: pertenecen inequívocamente a otra época y, sin embargo, apenas parecen haber envejecido.



De Basildon al mundo

La historia comienza en Basildon, Inglaterra, a principios de los ochenta. Dave Gahan, Martin Gore, Andy Fletcher y Vince Clarke formaron la alineación con la que Depeche Mode empezó a hacerse un hueco dentro de la nueva música electrónica británica.


En aquellos primeros años predominaban las melodías luminosas y los sintetizadores. “Just Can't Get Enough”, publicada en 1981, sigue siendo probablemente el mejor ejemplo de aquella primera etapa: sencilla, inmediata y tremendamente contagiosa. La discografía oficial permite seguir esa rápida evolución desde los primeros sencillos hasta composiciones mucho más ambiciosas.


Pero Vince Clarke abandonó pronto el grupo —posteriormente desarrollaría una importante carrera con Yazoo y Erasure— y Martin Gore pasó a asumir el peso principal de la composición. Aquello acabaría transformando profundamente la personalidad de Depeche Mode.

Las canciones comenzaron a oscurecerse.


Pocos grupos representan tan bien el paso de los años ochenta a los noventa como Depeche Mode. Nacidos en plena explosión del sintetizador, consiguieron algo bastante más difícil que fabricar canciones pegadizas: crear un universo propio. Elegante, oscuro, melancólico y, al mismo tiempo, irresistible para una pista de baile.


Mucho más que sintetizadores

Reducir a Depeche Mode a la etiqueta de “grupo electrónico de los ochenta” sería quedarse muy corto. Durante esa década fueron incorporando sonidos industriales, percusiones metálicas, ambientes inquietantes y letras que hablaban de relaciones humanas, deseo, culpa, religión, poder, sexo o soledad. No era necesario entender todos aquellos matices para disfrutar de las canciones: debajo de esa oscuridad seguían existiendo magníficas melodías.


Ahí reside posiblemente una de las claves de su éxito. Depeche Mode podía sonar extraño sin resultar inaccesible. Podía ser sombrío y llenar estadios. Podía utilizar máquinas y, paradójicamente, hablar de sentimientos profundamente humanos.


El Rock & Roll Hall of Fame, que incorporó al grupo en 2020, destaca precisamente esa combinación de canciones oscuras, utilización innovadora de los sintetizadores y una poderosa presencia en directo.



La década prodigiosa

A mediados de los ochenta, el grupo ya había encontrado prácticamente su identidad definitiva. “People Are People”, “Master and Servant”, “Stripped”, “A Question of Time” o “Strangelove” fueron construyendo un catálogo cada vez más reconocible.


Y entonces llegó Music for the Masses en 1987. El título parecía casi una declaración de intenciones. Canciones como “Never Let Me Down Again” demostraban que aquella música electrónica podía adquirir dimensiones enormes sobre un escenario, y la correspondiente gira terminó convirtiendo a Depeche Mode en una banda capaz de movilizar multitudes. Ya no eran simplemente cuatro británicos rodeados de sintetizadores, eran una banda mundialmente reconocible y reconocida.



Depeche Mode: cuando la oscuridad aprendió a bailar


Violator: el momento perfecto

Si alguien joven quisiera descubrir hoy a Depeche Mode y preguntara por dónde comenzar, probablemente la respuesta sería Violator.


Publicado el 19 de marzo de 1990 en Reino Unido, el séptimo álbum del grupo alcanzó el número 2 británico y el número 7 estadounidense.


Violator contiene nueve canciones y ninguna de ellas sobra: “World in My Eyes”, “Personal Jesus”, “Enjoy the Silence”, “Policy of Truth”, “Halo” o “Clean” forman parte de un disco sorprendentemente compacto.


“Personal Jesus” había aparecido como sencillo el 29 de agosto de 1989 y acabaría convirtiéndose en una de las canciones más reconocibles de la banda, posteriormente versionada por artistas tan diferentes como Johnny Cash o Marilyn Manson.


Después llegó “Enjoy the Silence”, publicada como sencillo en Reino Unido el 5 de febrero de 1990, es posiblemente la canción que mejor resume el universo Depeche Mode. Melancólica pero hermosa, electrónica pero cálida, sencilla pero difícil de olvidar. Para muchos basta escuchar sus primeros compases para reconocerla de inmediato.



Los noventa: guitarras, excesos y supervivencia

El éxito de Violator podría haber llevado al grupo a repetir la fórmula, pero hicieron justamente lo contrario. En 1993 apareció Songs of Faith and Devotion, un trabajo más áspero en el que las guitarras adquirieron protagonismo y la electrónica convivió con influencias del rock, el gospel y sonidos mucho más orgánicos.


“I Feel You”, “Walking in My Shoes” o “In Your Room” mostraban una banda diferente, pero las interminables giras, la presión y los problemas personales fueron deteriorando las relaciones internas.


Alan Wilder abandonó el grupo en 1995 y Dave Gahan atravesó una gravísima etapa de adicciones durante aquellos años. Parecía perfectamente posible que Depeche Mode terminara allí, pero no fue así.


En 1997 regresaron con Ultra. “Barrel of a Gun”, “It's No Good” y, especialmente, “Home” demostraron que todavía existía mucha música dentro de la banda.


Pocos grupos representan tan bien el paso de los años ochenta a los noventa como Depeche Mode. Nacidos en plena explosión del sintetizador, consiguieron algo bastante más difícil que fabricar canciones pegadizas: crear un universo propio. Elegante, oscuro, melancólico y, al mismo tiempo, irresistible para una pista de baile.


¿Por qué deberían escucharlos los jóvenes?

Porque buena parte de la música electrónica, alternativa y pop que apareció después resulta mucho más fácil de comprender tras escuchar a Depeche Mode. Pero hay otra razón mucho más sencilla: porque las canciones continúan funcionando. No hace falta haber vivido los ochenta, haber comprado un vinilo o recordar la época de las cintas de casete. Tampoco hace falta saber distinguir un sintetizador analógico de uno digital, tan sólo basta basta con ponerse unos auriculares y disfrutar.


“Enjoy the Silence” podría aparecer hoy en una serie, “Personal Jesus” continúa teniendo una fuerza extraordinaria y “Never Let Me Down Again” conserva ese crescendo capaz de transformar una canción en una experiencia colectiva. Quizá esa sea la verdadera prueba que debe superar un clásico: dejar de pertenecer exclusivamente a la generación que lo vio nacer y Depeche Mode la superó hace mucho tiempo.



Cinco canciones para empezar

Para quien nunca los haya escuchado con atención, proponemos un pequeño recorrido: “Just Can't Get Enough” para descubrir sus comienzos; “Never Let Me Down Again” para entender su crecimiento; “Personal Jesus” para comprobar hasta dónde podían llevar una idea sencilla; “Enjoy the Silence” como síntesis perfecta de su sonido; y “Walking in My Shoes” para conocer su faceta más intensa de los noventa.








Después de esas cinco, es bastante probable que apetezca seguir investigando.


Y ahí esperan Black Celebration, Music for the Masses, Violator, Songs of Faith and Devotion y una discografía que ha continuado creciendo durante décadas. La propia banda mantiene un extenso archivo oficial de Depeche Mode con sus discos, sencillos, giras y material histórico.


Depeche Mode pertenece a esa pequeña categoría de artistas que ayudaron a definir el sonido de una época pero consiguieron escapar de ella. Empezaron cuando los sintetizadores todavía parecían instrumentos procedentes del futuro.


Y, curiosamente, buena parte de su música continúa sonando como si ese futuro todavía no hubiese terminado de llegar.



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