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Una turista en la Romería de Valme

hace 9 horas
5 min de lectura

«Carmen y el camino que enamora», una historia para descubrir la magia de la Romería de Valme


La Romería de Valme, una de las grandes señas de identidad de Dos Hermanas, inspira una nueva historia creatitva e imaginativa, que invita a descubrir sus tradiciones, su ambiente y la hospitalidad de sus gentes a través de una protagonista muy especial: Carmen, una turista que vive por primera vez esta celebración nazarena.


Vestida de flamenca y acompañada por una flor de papel rizado, Carmen se adentrará en una jornada llena de color, emoción y divertidas anécdotas junto a Ana, Rocío, Esperanza y Rosario, cuatro nazarenas que la guiarán por el camino hasta la ermita de Cuarto. Las carretas y galeras engalanadas, los caballos, las sevillanas y el fervor hacia la Virgen de Valme serán el escenario de una aventura en la que la amistad y la tradición cobran todo el protagonismo.


Invitamos a nuestros lectores, grandes y pequeños, a conocer «Carmen y el camino que enamora», una historia que acerca la esencia de nuestra fiesta grande a través de una mirada nueva y llena de ilusión. Una historia para disfrutar, recordar nuestras raíces y compartir el orgullo de una romería que cada año reúne a todo un pueblo en torno a su protectora.




Capítulo 1. La salida de la Virgen de Santa María Magdalena.

Era el Tercer Domingo de Octubre y Carmen había viajado hasta Dos Hermanas para conocer la famosa Romería de Valme. Le encantaban las tradiciones andaluzas y había decidido vestirse para la ocasión con un precioso traje de flamenca rojo de lunares blancos. En el pelo lucía una gran flor de papel rizado.


Cuando llegó a la iglesia de Santa María Magdalena, se quedó maravillada ante el ambiente: las calles llenas de gente, los balcones engalanados, los caballos y las espectaculares carretas y galeras adornadas con flores de papel.


De pronto, entre aplausos, repiques de campanas y vivas, apareció la Virgen de Valme.


—¡Qué emoción! ¡No imaginaba que fuera tan bonita! —exclamó Carmen.


A su lado se encontraban Ana, Rocío, Esperanza y Rosario, cuatro nazarenas que enseguida se dieron cuenta de la emoción de la visitante.


—¡Hola! ¿Es la primera vez que vienes a Valme? —le preguntó Ana.


—Sí. He venido a conocer la romería, pero estoy impresionada.


—¡Pues hoy te vienes con nosotras! —respondió Rocío—. ¡Aquí nadie se queda sin amigas!


Carmen se sintió acogida desde el primer momento.


Pero, justo cuando la comitiva comenzaba a avanzar, una ráfaga de viento le arrancó la flor del pelo.

—¡Mi flor! ¡Que se escapa! —gritó.


Las cinco salieron corriendo entre risas. Rosario consiguió atraparla antes de que cayera al suelo.

—¡Aquí la tienes, Carmen! ¡Esta flor tiene que llegar contigo hasta Cuarto!


Carmen volvió a colocársela y sonrió. ¡Menuda aventura nada más empezar!



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Capítulo 2. El paso de la romería por Barranco.

La romería avanzaba por Barranco en medio de un espectáculo de color, música y alegría. Las carretas y galeras, decoradas con miles de flores de papel rizado, avanzaban acompañadas por caballos y romeros que cantaban sevillanas.


Carmen no dejaba de mirar a su alrededor.


—¡Es precioso! ¿De verdad preparáis todas estas flores a mano? —preguntó.


—¡Claro! —contestó Esperanza—. Detrás de cada carreta hay muchas horas de trabajo, cariño y tradición.


Ana le explicó cómo las familias se preparaban durante meses para aquel día, mientras Rocío la animaba a cantar y bailar con ellas.


Carmen estaba tan feliz que ni siquiera se dio cuenta de que su flor había vuelto a engancharse, esta vez en el mantón de una romera que pasaba junto a ella.


—¡Ay, mi flor otra vez! —exclamó.


—¡Carmen, tu flor quiere hacer la romería por su cuenta! —bromeó Rocío.


Rosario se acercó con cuidado y consiguió liberarla sin estropearla.


—Te vamos a tener que sujetar esa flor con siete horquillas —dijo Ana entre carcajadas.


Las cinco continuaron el camino compartiendo dulces, fotografías y canciones. Carmen descubrió que aquellas mujeres, a las que acababa de conocer, la trataban con una familiaridad y un cariño extraordinarios.


—Ahora entiendo por qué queréis tanto esta romería —les dijo.

Esperanza sonrió.


—Valme no es solamente un día de fiesta. Es una tradición que une a las familias y a todo un pueblo.


Carmen miró las flores, las carretas y a sus nuevas amigas.


Empezaba a comprender que estaba viviendo algo muy especial.



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Capítulo 3. El paso de la romería por Bellavista.

Al llegar a Bellavista, el camino estaba lleno de romeros que se habían acercado para acompañar a la Virgen. El sonido de las sevillanas se mezclaba con las voces de alegría y el repicar de los cascabeles de los caballos.


Carmen caminaba junto a Ana, Rocío, Esperanza y Rosario, sintiéndose ya parte del grupo.


Entonces, como si quisiera convertirse en la protagonista de la jornada, su flor salió volando de nuevo.


—¡No puede ser! ¡Esta flor tiene vida propia! —gritó Carmen.


—¡A por ella! —exclamó Rocío.


Las cinco corrieron entre risas hasta que vieron la flor caer sobre una carreta cubierta de adornos multicolores.


Un romero la recogió y se la entregó a Carmen.


—Toma, guapa. ¡Que no se te pierda el recuerdo de este día!


—¡Muchísimas gracias! —respondió ella.


Rosario le ayudó a colocar la flor de nuevo en el pelo, mientras Ana le sujetaba las horquillas y Rocío no paraba de bromear.


—¡El año que viene te regalamos una flor con raíces! —dijo Rocío.


—¡Y yo volveré para comprobar si funciona! —contestó Carmen.


Las cinco estallaron en carcajadas.


Un poco más adelante, al ver a unos romeros intentando recoger varios adornos que se habían desprendido de una carreta, Carmen se acercó a ayudar. Sus nuevas amigas la acompañaron y entre todas dejaron la carreta preciosa otra vez.


—¿Veis? —dijo Esperanza—. En Valme todos arrimamos el hombro.


Carmen sintió que ya no era una turista que contemplaba una fiesta desde fuera. Era una más entre aquellas personas que compartían el camino, la alegría y el cariño por su tradición.


—Creo que me estoy enamorando de esta romería —confesó emocionada.


Ana la abrazó.


—¡Pues todavía te queda llegar a Cuarto!



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Capítulo 4. La llegada al mediodía a la ermita de Cuarto.

Al mediodía, después de recorrer el camino entre música, flores y emociones, la romería llegó a la ermita de Cuarto.


Carmen contempló la llegada de la Virgen rodeada de carretas, galeras, caballos y romeros. El lugar estaba lleno de color y alegría. Los aplausos y los vivas a la Virgen resonaban por todas partes.

Carmen, emocionada, miró a sus cuatro amigas.


—No puedo creer que haya vivido algo tan bonito. Vine como turista y me llevo mucho más de lo que esperaba.


—¿Y qué te llevas? —preguntó Ana.


—Amistad, recuerdos maravillosos y unas ganas enormes de volver.


Rocío sonrió.


—¡Pues el año que viene te queremos aquí otra vez!


—¡Y con una flor nueva! —añadió Rosario.


—¡Y bien sujeta! —bromeó Esperanza.


Las cinco se echaron a reír.


Carmen se tocó la flor de papel rizado y la colocó cuidadosamente en su pelo. Aquella flor, que tantas aventuras le había dado durante el camino, se había convertido en el símbolo de su primer encuentro con la Romería de Valme.


Después abrazó a Ana, Rocío, Esperanza y Rosario.



Una turista en la Romería de Valme


—Os prometo que volveré cada Tercer Domingo de Octubre. Ya no quiero perderme esta romería nunca más.


Mientras contemplaba a la Virgen de Valme, comprendió que hay tradiciones que no se pueden explicar solamente con palabras. Hay que vivirlas, sentirlas y compartirlas con personas que te abren su corazón.


Carmen había llegado a Dos Hermanas como una turista curiosa y se marchaba enamorada de su romería, de su gente y de sus nuevas amigas.


Y desde aquel día, cada año, volvería a vestirse de flamenca, adornaría su pelo con una flor de papel rizado y se reuniría con Ana, Rocío, Esperanza y Rosario para recorrer juntas aquel camino tan especial.


Porque algunas fiestas se visitan, otras se disfrutan… y hay algunas que te enamoran para siempre.


¡Viva la Virgen de Valme!


¡Viva Dos Hermanas y su Romería! 


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