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La planificación de bodas como motor del turismo experiencial

En los últimos años, la figura del wedding planner ha adquirido una relevancia significativa dentro del sector turístico. El crecimiento del llamado turismo de bodas en el que parejas eligen destinos nacionales o internacionales para celebrar su enlace ha generado una estrecha conexión entre la planificación de eventos y la industria turística. Esta relación no solo impulsa la economía local de los destinos elegidos, sino que también promueve la diversificación de la oferta turística, incorporando experiencias personalizadas y servicios especializados. 


En este sentido, exploraremos cómo el trabajo del wedding planner se vincula con el turismo, los retos y oportunidades que surgen de esta sinergia, y el impacto que tiene en la promoción de destinos como lugares ideales para celebrar momentos inolvidables. Para ello, hablamos con Mercedes Arcas Peñalver (@lacasamentera), una persona muy vinculada al sector nupcial y toda una gran experta del mundo de las bodas.


La planificación de bodas como motor del turismo experiencial

Mercedes es el alma creativa detrás de La Casamentera, un proyecto que combina la pasión por el amor y la organización de eventos. Con años de experiencia en el mundo de las bodas, Mercedes se ha ganado el cariño de parejas de toda España por su estilo cercano, su atención a los detalles y su capacidad para transformar cada celebración en una experiencia única.


Desde Sevilla y su provincia, Mercedes impulsa un turismo diferente, donde las bodas y los eventos se convierten en una forma de descubrir la riqueza cultural, gastronómica y natural de nuestra tierra. Su trabajo no solo une a las parejas, sino también a los profesionales y espacios locales, creando sinergias que fortalecen la identidad de Dos Hermanas como un referente del turismo de celebraciones y experiencias.



La planificación de bodas como motor del turismo experiencial

Con una visión moderna y un profundo respeto por las tradiciones andaluzas, Mercedes diseña cada boda como una historia personalizada, cuidando cada detalle desde la elección del lugar hasta la ambientación y la coordinación del gran día bajo su dirección, la Casamentera no solo organiza bodas, sino que crea recuerdos imborrables que ponen en valor lo mejor de su tierra y de su gente.


¿Qué experiencias previas te inspiraron a dedicarte al mundo de las bodas?


Mi camino hacia el mundo de las bodas nació literalmente desde cero. Cuando empecé en Sevilla, este perfil profesional prácticamente no existía. La figura del wedding planner no se entendía ni se veía necesaria. Era lógico: durante años la gente se había casado sin alguien que organizara su boda, así que al principio fue muy difícil explicar en qué consistía realmente nuestro trabajo.


Esos primeros años fueron complicados, pero también muy bonitos. Empezamos desde fuera, observando y aprendiendo. Acompañábamos a fotógrafos, vivíamos las bodas desde dentro, sin protagonismo, simplemente mirando, escuchando y entendiendo qué pasaba en cada celebración. Eso me permitió conocer bodas de diferentes culturas, estilos y formas de vivir el matrimonio.


Sin darme cuenta, fui creando una base de conocimiento enorme. Sabía con quién se trabajaba bien, quién encajaba con cada tipo de pareja, qué fotógrafos captaban mejor las emociones, qué grupos conseguían que la gente se levantara a bailar, y cuáles no. Todo sin condiciones, sin comisiones y sin intereses añadidos.


De ahí nació, casi de forma natural, la filosofía que seguimos hoy en La Casamentera, acompañar a los novios desde la experiencia real, con criterio, honestidad y conocimiento profundo del sector. No desde la teoría, sino desde haber vivido muchas bodas y haber aprendido de cada una de ellas.



La planificación de bodas como motor del turismo experiencial

¿Recuerdas tu primera boda organizada? ¿Qué aprendiste de aquella experiencia?


Recuerdo mi primera boda como para no olvidarla jamás. Fui como acompañante de una fotógrafa; mi misión, en teoría, era muy sencilla: llevarla en coche, acompañarla a la iglesia, recogerla después y trasladarla al banquete. Nada más.


Pero recuerdo colgarme una cámara al hombro y empezar a disparar. No porque supiera hacer fotos esas imágenes, objetivamente, no valían nada, 


Esa primera experiencia, tan sencilla y tan improvisada, fue en realidad el inicio de todo. No aprendí a hacer fotos, pero aprendí a leer una boda. Y esa mirada la de quien cuida los detalles y entiende el ritmo de un día tan importante es la que sigo teniendo hoy.    



La planificación de bodas como motor del turismo experiencial

¿Qué significa para ti ser wedding planner después de más de 30 años en el sector?


Ser wedding planner después de 30 años de experiencia es saber anticiparse sin invadir, cuidar sin imponer y acompañar sin protagonismo.


Es entender a las personas antes que al evento.


Y hacer que todo funcione para que los novios solo tengan que vivir y recordar.


¿Cómo definirías el estilo de bodas de La Casamentera?


Las bodas de La Casamentera no responden a un estilo propio, porque el estilo siempre es de la pareja.


Nos gustan todas las bodas donde hay amor, verdad y coherencia con quienes se casan.


Nuestro trabajo es escuchar, interpretar y dar forma a su manera de celebrar.



La planificación de bodas como motor del turismo experiencial

¿Cree que Dos Hermanas tiene potencial para posicionarse como destino de wedding tourism dentro de Andalucía?


Dos Hermanas tiene un potencial enorme para el concepto de bodas de destino. Sus haciendas son preciosas, con paredes que hablan y cuentan historia, algo que para mí es fundamental.


Además, la cercanía a Sevilla lo hace todo fácil y cómodo: aeropuerto cercano, autobuses, taxis, VTC y una amplia oferta hotelera tanto en Dos Hermanas como en la capital, lo que permite a los invitados moverse con libertad y sin complicaciones.


¿Cómo influyen las nuevas tecnologías (realidad virtual, inteligencia artificial, planificación digital) en su trabajo?


Estoy a favor de la inteligencia artificial siempre que esté bien utilizada. Es una herramienta muy potente para ayudar y avanzar, pero debe estar siempre amparada por personas que sepan manejarla, interpretarla y corregirla.


Al final, incluso las personas cometemos errores; lo importante es entender la tecnología como apoyo y no como sustitución. Ese, sin duda, es nuestro futuro.



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¿Qué cambios ves en las nuevas generaciones de parejas?


Las nuevas generaciones vienen empujando con una filosofía muy clara: consumo responsable, coherencia y sentido. Buscan experiencias conectadas con lo terrenal y lo auténtico.


En lugares como Dos Hermanas esto se ve mucho, por ejemplo, en torno al aceite, que se está convirtiendo en una auténtica seña de identidad en eventos y bodas, integrando producto, cultura y experiencia dentro de la celebración.


¿Cuáles son los mayores retos que se enfrenta al planificar bodas?


Para mí, todos los momentos son igual de desafiantes, porque el nivel de responsabilidad es siempre el mismo. Desde que el aperitivo salga perfecto hasta gestionar imprevistos mayores como cambios climáticos, mareos, incidencias técnicas o cualquier situación inesperada.


Buscamos la perfección, y eso hace que incluso lo que parece pequeño tenga una gran importancia.


¿Qué es lo más importante para ti el día de la boda?


Para mí, lo más importante es ver a los novios disfrutar de verdad con sus invitados. Los invitados son, muchas veces, nuestros futuros novios o clientes, y si ellos perciben felicidad real, cercanía y calma, todo lo demás fluye.


Cuando los novios están felices, lo esencial ya está asegurado.



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¿Qué es lo más gratificante de su profesión?


Sin duda, el amor que se respira. Las miradas de los novios, los abrazos, los agradecimientos sinceros al final del día.


Eso es nuestra verdadera recompensa, nuestra “droga”: ese momento en el que sabes que todo ha merecido la pena.


Si tuvieras que describir el “alma” de La Casamentera en una palabra, ¿cuál sería?


Verdad.


¿Qué te gustaría que las parejas recuerden de ti y de tu equipo cuando termina su boda?


Que vivieron uno de los días más felices de su vida.


No el único ni el último, porque ojalá podamos seguir compartiendo muchos momentos importantes con ellos y con sus familias.


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